Patata nueva española, un producto nuestro y de calidad

La caída del sector de la patata nueva como consecuencia de la importación de la patata francesa.

En el mundo existen 7.500 variedades de patatas aproximadamente, de las cuales alrededor de 150 se cultivan en España. Aunque actualmente el sector de la patata en España no está pasando por su mejor momento, ya que el exceso de entrada en los mercados de la patata francesa con su bajo coste frente a la patata nueva española, ha provocado tal crisis de precios que los productores no llegan a cubrir los costes de producción.

Mientras que las grandes distribuidoras se forran a base de vender patata patata-nuevafrancesa, de peor calidad que la patata  nueva, en España se ha reducido el cultivo de este producto en un 26%; Aquí comienza el bucle que hace caer estrepitosamente al sector de la patata nueva española: el descenso de la producción de patata nueva hace que aumenten las importaciones de la patata francesa, los grandes supermercados venden la patata francesa a unos precios similares a los de la patata nueva aun siendo de peor calidad, el consumidor aprecia la baja calidad del producto y se siente engañado por lo que deja de comprar patatas… la situación se ha agravado hasta tal punto que en España, siendo productor y consumidor habitual de patatas, ha visto reducido las ventas en un 12% (según COAG).

Patata nueva VS patata francesa ¿Cómo diferenciarlas?

Las grandes superficies se las saben todas, por eso mediante un meticuloso tratamiento consiguen que la patata francesa vieja tenga un aspecto lo más parecido a la patata nueva para confundir al consumidor. Esta patata francesa ha estado conservada en cámaras durante más de 6 meses y ha sido sometida a distintos tratamientos químicos.

No conformes con eso, en algunos supermercados se han llegado a detectar prácticas abusivas como utilizar la patata como producto reclamo, carteles confusos o etiquetas dudosas para enmascar la procedencia de la patata francesa (y así el comprador piense que está adquiriendo patata nueva), etc… que no hacen otra cosa que empeorar la situación, puesto que estas técnicas implican la distorsión del mercado, la caída de precios y una ruina para los productores que terminan abandonando el cultivo y su consecuente pérdida de empleo.

Evitar que las grandes distribuidoras te den “patata por liebre” o patata francesa vieja por patata nueva española.

Aquí tienes 4 claves para que te ayudarán a reconocerlas, solo hay que prestar un poco de atención al producto antes de comprarlo.

  1. En primer lugar miraremos si tiene restos de tierra, si es así está claro que se trata de patata nueva que no ha sido lavada.
  2. Si no existen residuos de tierra observaremos la piel, la patata nueva tiene una piel fina, que se arranca fácilmente con la uña o se raspa con un cuchillo mientras que la patata vieja es más dura y cuesta más pelarla.
  3. Una vez que nos la hemos llevado a casa es la hora de la prueba de fuego, o más bien del fuego, porque la diferencia entre una patata nueva y una patata francesa después de haberlas frito es que mientras la patata nueva tiene un aspecto excepcional, doradita, crujiente por fuera y que se deshace por dentro, mientras que la francesa, que se queda oscura y blanda, forma una plasta densa en nuestra boca al comerla que provoca la decepción absoluta del consumidor.
  4. La patata nueva tiene mejores propiedades culinarias, gastronómicas y de salud, esto es evidente teniendo en cuenta que es un producto que va directo del campo a tu mesa.

Así que ya no hay lugar a error, cuando vayas a la compra elige cualquier variedad de patatas pero asegúrate de que sea patata nueva española, la nuestra, la que se pela con la uña… por su calidad, por su sabor, por tu salud y por tus agricultores.

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